Uno de los principales problemas que atraviesan los estudiantes de educación media superior, durante su vida escolar, es el estrés generado por razones académicas; normalmente, los alumnos refieren como uno de los principales estresores la falta de tiempo para la realización de las diversas actividades solicitadas por sus profesores (Díaz, Bulla & Moreno, 2016; Nieves, Otero, Mabiala, Malonda & Guimbi, 2014; Proaño, 2017; Reinoso, 2017; Toribio-Ferrer & Franco-Bárcenas, 2016). Este fenómeno se ha discutido bajo dos líneas analíticas complementarias: a) los problemas de gestión del tiempo generados por los propios alumnos, y b) los ladrones del tiempo (Barraza, 2011); sin embargo, una variable que puede ayudar a explicar también la presencia recurrente de este estresor es la procrastinación académica (Beleaua & Cocoradă, 2015; Stagman, 2011).

La procrastinación como evitación de tareas
En el primer caso, Solomon y Rothblum (1984) conceptualizan a la procrastinación como la acción que realiza el individuo de retrasar voluntaria e innecesariamente el desarrollo de diversas tareas, al grado de efectuarlas al final del plazo establecido para su entrega o culminación, generando como consecuencia malestar en el propio individuo. Se considera que la procrastinación, entendida bajo este enfoque conceptual, se manifiesta como una pésima gestión del tiempo, ya que el procrastinador suele o bien sobrestimar el tiempo que le queda para realizar una tarea, o bien subestimar el tiempo necesario según sus recursos propios para realizarla (Matalinares et al., 2017, p. 65).
La procrastinación como incapacidad de organización
En el segundo caso, los autores se plantean que las dificultades de un comportamiento procrastinador se generan debido a la incapacidad del propio individuo para organizar su tiempo y desarrollar una gestión efectiva del mismo (Ferrari, Johnson & McCown, 1995). Adicionalmente a este enfoque conceptual, otros autores visualizan una falla en los procesos de autorregulación que no permite al individuo organizar y manejar adecuadamente el tiempo (Balkis & Duru, 2009).
En la presente investigación se asume el enfoque conceptual orientado a su definición como un comportamiento que tiene como objetivo la evitación de tareas, por lo que la procrastinación académica puede ser definida como la acción de retrasar voluntariamente un curso previsto de acción relacionada con el estudio, a pesar de que la espera genera algo peor por la demora (Steel & Klingsieck, 2016).
Relación entre procrastinación académica y estrés
La relación entre la procrastinación académica y el estrés académico ha sido estudiada por diversos autores, y aunque no existe un consenso claro, se han encontrado resultados interesantes. Algunos estudios indican que los individuos que tienden a procrastinar tienen niveles más altos de estrés (Beleaua & Cocoradă, 2015; Murphy, 2015), mientras que otros encuentran una relación inversa o no encuentran relación alguna (Vásquez, 2016; Córdova, 2018).
La falta de claridad en estos resultados puede deberse a las diferentes mediciones utilizadas para evaluar el estrés académico, así como a los enfoques conceptuales subyacentes. Algunos estudios se centran en los estresores o fuentes de estrés, mientras que otros consideran los síntomas y las estrategias de afrontamiento del estrés académico.
Modelo de estrés académico de Barraza
Para analizar la relación entre procrastinación académica y estrés académico, se puede utilizar el modelo conceptual formulado por Barraza (2006). Este modelo considera el estrés académico como un proceso que se desarrolla en tres etapas: los estresores o fuentes de estrés, los síntomas o reacciones al estrés y las estrategias de afrontamiento.
Algunos estudios han encontrado que la procrastinación académica se relaciona con los estresores y los síntomas del estrés académico (Cardona, 2015; Murphy, 2015), mientras que otros indican una relación inversa entre la procrastinación y las estrategias de afrontamiento del estrés (Córdova, 2018).

La procrastinación académica es un comportamiento que consiste en retrasar voluntariamente la realización de tareas relacionadas con el estudio. Este comportamiento puede estar relacionado con el estrés académico, aunque los resultados de los estudios no son concluyentes.
Es importante seguir investigando esta relación para comprender mejor cómo afecta la procrastinación académica a los estudiantes y cómo se puede prevenir o manejar de manera efectiva. Además, es necesario utilizar medidas estandarizadas y enfoques conceptuales claros para obtener resultados más sólidos.
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